
Ya empiezo a ver que quiero ser cuando grande. Y es que cuando se piensa no solo se agotan las neuronas, sino que nacen ideas. A veces las ideas son absurdas, como lo que escribo ahora, pero nacen, nacen y no dejan de nacer. Descubrí entre las letras mas profundas, de las vidas de los mas aislados, en las ciudades inimaginables, historias nunca escuchadas. En un completo mundo de silencio se asoman a gritos episodios cotidianos que piden con murmuros apagados ser parte de este mundo. Allá donde prolifera las armas, donde las moscas tienen como cena la carne putrefacta de los sentenciados. Allá donde los abismos de la droga ha reclutado a miles de jóvenes ignorantes...o muy cerca donde la infancia esta atada a la mirada de lascivia de los proxenetas.
Estoy totalmente de acuerdo con que mis palabras son erradas, incongruentes, insípidas y pedantes; sin embargo, eso me recuerda a cada momento que es la misma realidad que viven los olvidados (Y no hablo de los protagonistas de Luis Buñuel), de aquellos que la vida les paga con fuego en el inmenso desierto o con lluvia aspera en las zonas mas heladas del planeta.
Sigo escuchando a gritos el silencioso caminar de los que me rodean. Buscan que exprima sus palabras, hallarán mi cobardía. Entonces entiendo que seré cuando grande. Tal vez el despistado e ignorante que todos no buscan ser, pero lo son. O tal vez un pequeño papel donde las historias indeseables se plasman indeleblemente.
Eso es todo por hoy...después de tanto tiempo.





